Anoche me sentí como una six year old. Tiré unos lagrimones que en vez de revolverse con mugre, se mezclaron con mi sombra morada y rubor rosita. Damn! Veintidós años y todavía me salen berrinches preescolares. ¿Alguien me regalaría una paleta?
Etiquetas: no mamar, quejas de shit, Walter
Hoy abrí Word y escribí cinco distintos posts que terminaron –legalmente- abortados como embrión de madre chilanga. No tengo mucho que decir.
Etiquetas: quejas de shit
Meche dice:
tasta salga rápido a comprar cerveza
mañana y domingo ley seca
Tasta dice:
sí, ya vamos walter y yo por un cartón
Etiquetas: masinyer
(Veintisiete, veintiocho, veintinueve años... Una edad poco adecuada
para morir. Los poetas mueren a los veintiún años, los revolucionarios
y las estrellas de rock, a los veinticuatro. Una vez superada esa edad
parece que, de momento, estés a salvo. Como mínimo, eso es lo que
presupone la gente. Ya habrás dejado atrás la legendaria curva
fatídica, ya has cruzado el túnel lúgubre y oscuro. Tienes por delante
una recta autopista de seis carriles por la que (aunque no te apetezca
demasiado) puedes volar hacia tu destino. Te cortas el pelo, te afeitas
todas las mañanas. Ya no eres poeta, ni revolucionario, ni estrella de rock.
Ya no duermes la borrachera dentro de una cabina telefónica,
ni bebes hasta perder el sentido, ni escuchas ningún LP de los Doors
a todo volumen a las cuatro de la madrugada. Has suscrito un seguro
de vida por conveniencia, has empezado a beber en los bares de los
hoteles, desgravas de los impuestos la factura del dentista. Porque tú
ya tienes, veintiocho años.)
para morir. Los poetas mueren a los veintiún años, los revolucionarios
y las estrellas de rock, a los veinticuatro. Una vez superada esa edad
parece que, de momento, estés a salvo. Como mínimo, eso es lo que
presupone la gente. Ya habrás dejado atrás la legendaria curva
fatídica, ya has cruzado el túnel lúgubre y oscuro. Tienes por delante
una recta autopista de seis carriles por la que (aunque no te apetezca
demasiado) puedes volar hacia tu destino. Te cortas el pelo, te afeitas
todas las mañanas. Ya no eres poeta, ni revolucionario, ni estrella de rock.
Ya no duermes la borrachera dentro de una cabina telefónica,
ni bebes hasta perder el sentido, ni escuchas ningún LP de los Doors
a todo volumen a las cuatro de la madrugada. Has suscrito un seguro
de vida por conveniencia, has empezado a beber en los bares de los
hoteles, desgravas de los impuestos la factura del dentista. Porque tú
ya tienes, veintiocho años.)
Murakami
en
Sauce ciego, mujer dormida.
Etiquetas: lecturas
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