A veces se me olvidan las cosas que me gustan. Las que me han gustado durante mucho tiempo o las que lo hacen sorpresivamente.
Hoy que lo pienso con una sonrisa, afortunadamente estas cosas se llevan a cabo en la facultad. Dentro del aula discutir hasta ponernos colorados, brincar de una frase célebre de Heidegger a cualquier pesimismo de Nietzsche, encontrar jocosa la terminología de Chomsky. Estar consciente de que un grupo mayor a diez personas me escuchan, asienten y admiten estar de acuerdo conmigo. Es genial y totalmente vanidoso.
Gozar del aire acondicionado de la biblioteca, elegir libros al azar con Omayra y leernos pasajes, que se supone, dictan cómo andan nuestros sentimientos esta tarde. Hoy me tocó un fragmento de Francisco de Moncada en Aragonés, hablaba sobre la patria y cómo defenderla del intruso. Yo soy la patria y desde ahora en adelante le propongo la guerra a mi mal humor.
Encontrarle el lado divertido a los días no es posible en la soledad, al menos no para mi, por eso caigo en cuenta –muy torpemente- que olvido las cosas que me gustan, las dejo de lado por querer adoptar “lo que le gusta al otro”. De cualquier manera, sé que no está de moda andar redescubriendo las novelas filosóficas en español. Por eso soy la patria e impongo mis propias modas.

5 Comments:

  1. Payoman said...
    ...shi...
    Invëntor said...
    Yei :)
    Ayer me Heidegger me expulso de mi rutina, absorta, bien sarro :S Luego me repuse platicandole a mi hermano y regando las plantas de mi casa.
    :)
    Unknown said...
    que wonito

    Arturs said...
    esta chidote, me late.
    Julio C. said...
    Eso machín, no se amargue ni se ande con pendejadas.

    La quero.

Post a Comment



Entrada más reciente Entrada antigua Inicio