pollito chicken gallina hen
lapiz pencil y pluma pen
ventana window puerta door
techo ceiling y piso floor

La Rumi imita a la señorita del té:




Se ha visto a este maniático en las instalaciones del Kaldi Café, es altamente peligroso y reporta conductas sexuales agresivas. Sea precavido.

Sucumben en tu diáfano pecho mis palabras rotas.

Interminable caigo en telaraña sin juicio;
hombre de cristales sucios.

Ronca en ventanas tímidas el suelo
de hemorragias vanas teñido.

Otoño venido a menos;
asalto al viento frágil de sueño fútil,
venenoso.

Dos cosas importantísimas para gastar mi tiempo en este puente de independencia:

Terminar mis ejercicios de latín, correspondientes a la lección XI y XII.



Leer la primera y segunda soledad de Mr. Góngora.

Provecho.


Entre las cejas me pululan los enconos
mismos que por la garganta reptan
viven y se regeneran.

Es odio el que regalo en las esquinas;
"envidia" dirían unos níveos párpados
que entre palabras se contonean,
se pierden.
Son ilusos.

El ego escasea,
son las puras ganas de libertad
lo que me llora a diario.
Me encuentro la silueta de tanto odiar
enredada en venas tristes, que no palpitan.



Lo que más me gusta cumple otro año de vida.
Otro año y sigo apareciendo en su fotografía.
Nueve de septiembre, te amo.


soytufansmevuelvesloca.

Para ya no tirar malas ondas con eso de que la raza se tiene que morir, superaré que mis mascotas hayan valido güini de manera cuasi-simultanea y bailaré foreverenever.


Don Lafontaine, no mueras.
Sin saber tu nombre siquiera, fui tu fan.
Que descaro de mi parte.

Me quedé sin cámara para mostrar la evidencia. Sin embargo, mi descripción bastará para comentar que un niño de mi fraccionamiento, falto de atención paterna e hijodelachingada -cabe decir-, tumbó a punta de balonazo el nido de golondrinas que -increíblemente- tenía yo en el garage.
Pareciera que el niño en mención sufrió de aquello que llaman "arrepentimiento" y tocó a mi puerta luego de tumbar el nido que alojaba a tres golondrinas bebés y los padres de estas. Los últimos lograron volar hábilmente, mientras los primeros chillaban ateridos bajo mi automóvil.
Atiné a improvisar un nido con algodón y periódico, con las esperanzas fijas en que señor y señora golondrina volverían a rescatar su triada de crías.
No volvieron.
Afortunadamente las pequeñas aves sobrevivieron la noche en su nido artificial, pero dudo que duren otra más.
Es por esto que hago un llamado a los padres de estas tres criaturas, para que por favor vuelvan por ellas y vivan felices en el nido que -amablemente- he construido para ellas.

Luego de once años de fungir como Mi Mascota, la señora Tuga, pasó a mejor vida, dejando en mi cuarto de lavado un gran vacío. Once años estuvo en esa pecera e hizo las veces de perro en diferentes ocasiones. Fue una tortuga excepcional, que supo formar parte de la familia Velázquez Faudoa. ¡Te extraño Tugaaaaaaaaaaaa!

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